Para el año 2000, la evaluación PISA se enfocó a la lectura,
en 2003 al área de matemáticas, en 2006 al área de ciencias, para el 2009 se
realizó una segunda fase de evaluaciones sobre lectura midiendo nuevamente la
capacidad para comprender, emplear, reflexionar e interesarse en textos
escritos.
En 2012 se evaluó el área de matemáticas y para 2015 se
efectúo en ciencias (PISA, 2015).
Los resultados de las mediciones PISA (2016) muestran que el
sistema educativo mexicano sigue privilegiando la transmisión de conocimientos
de manera adicional, con énfasis en la memorización de datos y hechos. Paulo
Freire (2005) identificaba tal enfoque como educación bancaria, a diferencia
del desarrollo de capacidades y competencias como se aprende actualmente.
Los resultados de las pruebas PISA en el comparativo
2000-2015 presentan en las áreas de lectura, matemáticas y ciencias, un
promedio por debajo de los índices internacionales, es decir, casi el 50% de
los estudiantes se ubica en los niveles bajos de desempeño en las competencias
fundamentales, esto implica que el sistema educativo no ha fortalecido el
potencial de los estudiantes para hacer de ellos ciudadanos productivos y
competitivos.
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